sábado, enero 02, 2010

si tuviese tiempo...

iría a vivir a Europa...me quedaría 10 años en cada pueblo, elegiría con la melancolía del paraíso perdido, (la alegría de lo que no está) cada uno de los sitios que en un mes vi, sin saberlo...entonces, primero Madrid, todo aquello que hice en 3 días, lo haría en 10 años, pausadamente, hoy la Puerta del Sol, mañana Alcalá, y la Gran Vía, la moda desbordando las vidrieras, como lenguas, los vestidos y joyas se abren paso y te seducen, amantes de paso, y Picasso, acechante, escondido en el Reina Sofía...cómo saber que estaba allí, y la estación Atocha, extraña sensación, la estación Atocha, como la vieja Rosario Norte?...(ja..) y mi prima, que imaginé, hospitalaria, por qué?¿, si es tibio/fría, como siempre, ese juego de emociones, en una ciudad que me amparó con los panes, cuando pude finalmente escapar del Reina Sofía, mirándome con los ojos de Dalí, Picasso, imponente, ojos nuevos, ojos auténticos, lejos de las reproducciones, que durante toda mi vida fueron mis auténticos, apa, esta es la verdad,...aquello era una reproducción, muñeca, esto es un original, aquí están el ir y venir de los pinceles, acá...y el dolor, el dolor de verdad,.. ...el dolor de Picasso, le dio cauce al mío...y a volar, a volar, a conocer la ciudad, a tomar esa ciudad, con panes, pan de oliva, de esto de aquello, y mis pies, cansados pies, no podía, sentada en el banco, hospitalario, masajeando, masajeando, masajeando, cómo saber que mis pies se podían masajear, y de ellos brotar placer, descubrirlos, tuve que ir a Madrid a encontrar mis pies...?¿?, mientras comía mis panes, unos señores paseaban en familia, así los vi, eran hermanos, todos grandes, discutiendo sus pequeños temas...y más adelante, el juez, el juez que en el aeropuerto, mientras buscábamos nuestras valijas, en esa cinta sin fin, a la madrugada, medio dormidos, nos cruzamos en la sonrisa, (la sonrisa une para siempre), traspasa los mares, esa señora tomaba todas las valijas suponiendo eran la suya, empezó a hacerse predecible, y el juez, el juez para sonreir, y sonreirnos, en la complicidad: "esta es la vida: ...y con quién sonreir..."
y el milacoro, paseando por Madrid, cuando mi prima no estaba, y no sé por qué, nada había, tenía la mano de Picasso, unos panes, el mundo por delante, y el juez, allí, sentadito, en esa minúscula calle, minúsculo banco, saludó, ...a mí, quién podría saludarme, en Madrid...?¿?¿... el juez de las valijas...!!!, nos abrazamos y empezamos a hablar, él en italiano, yo no sé, con el alma...y me contó su vida, y sus viajes, y aviones volaban, y venían, a la Argentina que él conocía, y a menudo venían, sabía todo lo que en aquél momento nos estaba pasando, el poquito dinero mío, y el mucho de él, el tiempo lentamente se aceleraba, y amenazaba, y la esposa, en la cabina de teléfono hablando con el amante, él no creía que estuviese hablando con la familia, (tampoco yo), y vino y los tres, me invitaron a su casa, nos invitamos a visitarnos, mails, teléfonos, todos los reaseguros, lo irreversible, atribuído a fuerzas innominadas de la fatalidad, siempre tiene el estúpido sello de lo real, nos abrazamos con el juez, ese poco ratito de la sonrisa...nos abrazamos con la lengua, él italiano y yo no sé, y su ser juez y la maffia de Sicilia, y entendimos...y los tres nos perdimos en el bullicio, la Puerta del Sol, en sábado a la noche, el juez y yo, debíamos seguir nuestro camino...cuando ella llegó, él desapareció, se apoderó de mí, llena de mieles, él que tomó al vuelo la única posibilidad de serle infiel a la infiel...(y mi prima...)
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y..., anoche en esa cena, éramos todos infieles, mi amiga, el esposo, las hijas, las fotos, todo mentira,
a golpes de estilete, hasta las 2 de la mañana, con la poca fuerza del esfuerzo conocido, nos despedimos hasta el próximo primero de enero...

como todos los años...

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